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Ciclos económicos

Dentro de la relación de ciclos conocidos por el hombre, quiero detenerme ahora, siquiera con brevedad, en los ciclos económicos.

   Vindicado acaso como el más célebre de cuantos engrosan el inventario que los consigna, destaca el Ciclo de Kondratieff, que consta de 54 años y refleja no sólo la repetición de los acontecimientos financieros; también de los sociales y políticos.

   Nos ha sido dada, con posterioridad, una compleja y precisa variación del ciclo de Kondratieff conocida como el Ciclo de Confianza Económica de Princeton, creado por Martin Armstrong, que postula la existencia de un ciclo de negocios de 8,6 años.

Cilco Armstrong

Modelo de confianza económica

   No menos conocidos dentro del censo de ciclos económicos son el ciclo de inventarios postulado por Joseph Kitchin, que se prolonga entre tres y cuatro años; el ciclo de Juglar, que oscila entre los 8 y 11 años y cuya existencia se explica por las fluctuaciones cíclicas en la actividad comercial, industrial y financiera; o los ciclos enunciados por el premio Nobel Simon Kuznets, cuya horquilla temporal abarca de 15 a 25 años.

   En lo que se refiere a ciclos económicos, sin embargo, ninguna aproximación teórica me parece más virtuosa que la ensayada por la escuela de economía que, en mi opinión, amén de constituir la línea de investigación más realista y profunda de cuantas se hayan abierto hasta el momento, mejor explica la teoría del ciclo. Me refiero a la Escuela Austriaca de Economía, cuyo origen se debe a Carl Menger. Su magnum opus, los Principios de Economía (1871), contribuyó a la culminación histórica de toda una tradición económica que hoy sabemos que abarcaba a la Escuela del Valor de Uso alemana (Gebrauchtwertschule) e incluso a toda una corriente de pensamiento que llega hasta nuestra Escuela de Salamanca (pasando por Francia, Escocia, Holanda e Italia), tradición que había aportado a la ciencia económica hallazgos como la subjetividad del valor, la relación real entre precios y costes, el origen evolutivo del dinero e incluso la utilidad marginal decreciente. A Menger le siguieron en su monumental labor autores de la talla de Böhm-Bawerk, Ludwig von Misses, Hayek y Rothbard, sólo por citar algunos. En la actualidad, destacan dentro de esta escuela Antal Fekete y el español Jesús Huerta de Soto.

   El origen del ciclo económico explicado por la Escuela Austriaca hunde sus raíces en la muy deficiente arquitectura monetaria y financiera del mundo civilizado, último reducto de planificación central tras el derrumbe de la Unión Soviética. Todo comienza con la expansión crediticia artificial orquestada por los Bancos Centrales, que funcionan como prestamistas de última instancia de los bancos, a los que se les concede el privilegio de operar con reserva fraccionaria, sin un coeficiente de caja del 100%. En el transcurso de este proceso expansivo de la masa monetaria, se forma una burbuja especulativa que en cada rotación del ciclo se localiza en un sector diferente (divisas, tecnológicas, materias primas, vivienda…).

   Los bancos comienzan el mecanismo de expansión crediticia mediante la inyección en el sistema de préstamos cuyo colateral son depósitos creados de la nada, sin base en ahorro real o genuino. Las facilidades que dispensan las entidades bancarias para acceder a un préstamo animan a los empresarios a invertir en los proyectos que tienen en cartera. El problema radica en que no sólo invierten en los proyectos más razonables; también se embarcan de forma generalizada en sus proyectos más ambiciosos, líneas productivas que nunca debieran haberse emprendido, sólo concebibles por la facilidad de acceso al crédito sin respaldo de verdadero ahorro. Prolongado este proceso en el tiempo, generalmente años, llega un momento en que el mercado, después de una cascada de causas que sería demasiado extenso explicar, detecta como no rentables esas líneas productivas puestas en marcha por los empresarios.

   Para anticipar lo que viene a continuación se precisa menos de destreza teórica en economía que de sentido común. En primer lugar, se pincha la burbuja especulativa. A renglón seguido, emergen las tribulaciones contables de los bancos: el pasivo y el activo ya no cuadran. Su manifiesta insolvencia desata una crisis financiera. Ocurre entonces la inevitable recesión, purga de los excesos cometidos, reacción del organismo social ante el daño infligido por la expansión crediticia artificial.

   En resumen, la secuencia del ciclo económico de la Escuela Austriaca es como sigue: expansión crediticia, burbuja especulativa, crisis financiera y recesión.

   Quede claro que lo que acabo de exponer constituye un mero esbozo del corpus teórico austriaco. Para el pleno conocimiento de ese corpus, aconsejo bucear en los autores pertenecientes a esta escuela de pensamiento económico.


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