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Causas de los ciclos

Repasemos, llegados a este punto, algunas asunciones esenciales y hechos comunes.

  • Los mercados financieros son dominados por las emociones. Aunque suele creerse que los hechos (en concreto, nuestras expectativas sobre la interpretación que harán los mercados de los hechos) constituyen el factor fundamental a la hora de comprar o vender un determinado activo financiero, lo cierto es que el estado emocional de los individuos influirá en su toma de decisiones financieras. Existen numerosos estudios que corroboran la influencia de las emociones en los mercados financieros. También se han llevado a término algunos estudios de neurobiología que demuestran que las emociones marcan nuestra toma de decisiones.
  • Las emociones cambian de positivas a negativas y viceversa a lo largo del tiempo creando de esta forma ciclos.
  • Los mercados suben y bajan en respuesta a esas emociones.

   Por tanto, las emociones son un factor determinante en el proceso de toma de decisiones de los seres humanos. Estudiemos ahora las fuerzas que impactan de forma más notable en nuestras emociones.

El Sol, la Luna y la Tierra
Las fuerzas de la naturaleza cumplen una función determinante en las emociones de los seres humanos. Pero, ¿cuáles son esas fuerzas ocultas que influyen en nuestras emociones?

   La vida en el planeta Tierra debe su existencia a su campo magnético, escudo protector contra los rayos cósmicos, y al ciclo energético del Sol, conocido como manchas solares, que no son sino campos magnéticos intensos que aparecen en los momentos de mayor actividad solar. La interacción de ambos elementos puede provocar daños considerables, como lo ocurrido en marzo de 1989, cuando unas corrientes geomagnéticas causaron la caída del sistema de distribución eléctrica de Quebec.

   Hay evidencia acumulada de que las interacciones entre el Sol, la Luna y la Tierra son un factor que afecta a nuestro bienestar. Cambios en el campo geomagnético afectan a los sistemas biológicos, como por ejemplo a la capacidad de navegación de las palomas. Nuevos estudios indican que los sistemas biológicos estresados físicamente pueden responder a las fluctuaciones en el campo magnético (NOAA Space Weather Prediction Center, 2010).

   Por ejemplo, los científicos de la NASA han determinado que algo ocurre cada mes cuando la Luna recibe un latigazo de la cola magnética de la Tierra. Las consecuencias de este hecho incluyen desde tormentas de polvo lunar hasta descargas electroestáticas. Nuestro planeta entero está envuelto en una gran burbuja magnética. En el espacio, el viento solar presiona contra esta burbuja y la estira, creando una cola magnética. La Luna penetra en esa cola magnética tres días antes de estar en fase de Luna llena y tarda aproximadamente seis días en cruzarla y salir por el lado contrario. Es durante ese período de seis días cuando pueden suceder cosas extrañas. Por tanto, la Luna no sólo tiene efectos gravitacionales; también influye en las fuerzas geomagnéticas de la Tierra en combinación con los ciclos solares.

La Resonancia Schumann
En 1952, el físico W.O. Schumann postuló matemáticamente la existencia de múltiples ondas de muy baja frecuencia que forman parte del espectro radioeléctrico que circunda la tierra. Cada una de estas ondas se encuentra en una frecuencia ligeramente diferente. Cabe añadir que las frecuencias de la resonancia Schumann están siempre variando, debido a los cambios en la temperatura de la Tierra y a las radiaciones solar y cósmica. En la creación de estas ondas influyen esencialmente los relámpagos. Pero lo más destacable es que estas ondas se mueven en una frecuencia de resonancia idéntica a la gama de las ondas cerebrales. Es decir, el trazado de éstas es casi indistinguible del trazado de las ondas cerebrales humanas.

Schumann

   La NASA ha estado utilizando estos conocimientos para proteger a los astronautas mientras están fuera de la tierra, y, por tanto, fuera de la fuente natural de estas ondas. La condición física de los primeros astronautas se deterioró gravemente en el espacio exterior, al estar lejos de la Resonancia Schumann. El problema se resolvió mediante la introducción en todos los transbordadores espaciales del “simulador Schumann”, un generador de impulsos magnéticos que imita la frecuencia de la Tierra. Esto demuestra que el ser humano no puede mantener la salud si se desconecta de la “frecuencia biológica natural”.

   A modo de ejemplo, una de estas ondas, la de 7,8 Hz, ha existido desde mucho antes de que nuestra especie apareciera en la Tierra. Pues bien, una de las frecuencias de nuestras ondas cerebrales, la onda beta, evolucionó para coincidir con esta señal natural de la tierra. Se ha demostrado que pequeños cambios en esta frecuencia tienden a modificar nuestro estado de ánimo y afectan a nuestra sensación de bienestar.

¿Cómo nos afectan todos estos factores?
En la actualidad, la ciencia indica que los seres humanos respondemos a variaciones en las fuerzas magnéticas que acabo de comentar. Por ejemplo, numerosos estudios científicos han encontrado una correlación estadística entre los índices geomagnéticos y la aparición de determinadas condiciones médicas (Jackson, 2003).

   Datos empíricos muestran una correlación entre la actividad solar y el estado psicológico de los individuos, que incluye, por ejemplo, cambios en la frecuencia con que acontecen accidentes de tráfico (Kolesnik, 2005), y una asociación entre actividad geomagnética y enfermedad mental (Palmer, 2006). Además, un estudio del Banco de la Reserva Federal de Atlanta halló la fuerte evidencia empírica de que aquellos individuos afectados por una elevada actividad geomagnética pueden ser más propensos a vender acciones al atribuir incorrectamente su bajo estado de ánimo a perspectivas económicas negativas más que a unas condiciones medioambientales dadas (Krivelyova, 2003).

   Los estudios científicos demuestran de forma convincente, por tanto, que las variaciones en los biorrítmos del cerebro humano se relacionan con cambios en el campo magnético del Sol. Estas variaciones aumentan cuando crece la actividad solar, lo que refuerza el mecanismo de interacción que hemos comentado entre el Sol, la Luna y la Tierra.

   En suma, la ciencia ha encontrado una relación empíricamente verificada entre las fuerzas geomagnéticas y las emociones humanas. Y nosotros sabemos que las fuerzas geomagnéticas se ven influidas por el movimiento cíclico del Sol, la Luna y la Tierra y la interacción entre los tres.

Conclusiones
De vuelta a los mercados y después de todo lo expuesto, podemos concluir que pequeñas variaciones en los factores externos que acabo de resumir pueden provocar cambios en el comportamiento de un grupo de personas lo suficientemente grande (especuladores) unido en una empresa común (el mercado de valores), cambios de comportamiento que, por tanto, afectarán a los precios de los activos financieros.

   En resumen, cuando cada día se produce el movimiento de rotación de la Tierra y se recibe la radiación solar y la influencia gravitacional de la Luna, se generan patrones de interferencia. Para explicarlo de forma gráfica, habría que imaginarse un aparato de radio sintonizando frecuencias. En determinadas frecuencias, la fuerza eléctrica sería máxima; en ese momento, los mercados registran grandes giros de los precios al alza o a la baja con gran volumen de contratación. Esta teoría puede que nunca sea probada del todo; sin embargo, podemos hacer asunciones y cálculos razonables que serán beneficiosos a la hora de especular.

   Una vez expuesta esta correlación de fuerzas, cabe mencionar un ejemplo cíclico de aplicación práctica a los mercados financieros, ejemplo donde se reflejan las influencias comentadas hasta ahora. Me refiero al conocido como Ciclo Metónico. Este ciclo promedia aquellos años en los que la fase lunar y el alineamiento del Sol, la Luna y la Tierra es similar a la del año en curso, de tal manera que puede predecirse la acción del mercado en un año concreto estudiando los gráficos de los años que tienen un similar alineamiento al año en cuestión. El componente principal del Ciclo Metónico (llamado así después de que el astrónomo griego Metón de Atenas lo observase) tiene una duración de 19 años. Dentro de este ciclo de 19 años, subciclos de ocho y once años (los griegos los llamaron ogdoas y hendekas) marcan similares relaciones del calendario del sol y la luna, aunque no de forma tan precisa como el Ciclo Metónico. Este ciclo funciona mejor en algunos mercados que en otros, y su precisión oscila entre períodos de irrelevancia pronosticadora y períodos de exactitud asombrosa.


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