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Teoría cíclica

La palabra ciclo procede del griego kiklos, que significa círculo y también movimiento circular. Podemos definir un ciclo como la serie de fases por las que pasa un fenómeno periódico hasta que se reproduce una fase anterior. Asimismo, podríamos definirlo como un intervalo o período de tiempo durante el cual se completa una sucesión recurrente y regular de acontecimientos o fenómenos.

   El escritor norteamericano Mark Twain formuló esta misma idea de forma magistral: “Mediante la ley de la repetición periódica, cada cosa que ha sucedido una vez sucede otra, y otra y otra vez –y no de forma caprichosa, sino en períodos regulares, y cada cosa en su propio período y no en el de otra, y cada una obedeciendo su propia ley… La naturaleza que nos deleita con su periódica repetición en el cielo es la misma que ordena los acontecimientos en la tierra. No nos permitamos subestimar el valor de esta clave”.

   Los seres humanos han observado procesos cíclicos recurrentes en la naturaleza desde épocas muy remotas. Civilizaciones antiguas fueron capaces de diseñar calendarios y medidas relativas al tiempo a partir de sus observaciones sobre la duración del día, la duración del año, los cambios estacionales, las fases de la luna y el movimiento de los planetas y las estrellas.

   En concreto, la palabra ciclos era la forma que tenían los antiguos de referirse al ritmo regular con que los cuerpos celestes describían sus movimientos. Por tanto, los antiguos representaban el tiempo de forma circular. La concepción del tiempo lineal es un fenómeno relativamente reciente.

   En el siglo VI antes de Cristo, Pitágoras afirmó que todo en el universo estaba relacionado con las matemáticas y que los números constituían la realidad definitiva. Mediante las matemáticas, todo, incluso el comportamiento humano, podía ser medido siguiendo patrones rítmicos o ciclos; todo podía ser, por tanto, predicho. Al decir del matemático griego, la armonía era inherente a los números. Armonía que también encontró al rastrear el movimiento que describen los cuerpos celestes. Pitágoras sostenía que los planetas y las estrellas se movían según operaciones matemáticas que se correspondían con las notas musicales, fenómeno al que bautizó como la “música de las esferas”.

   No en vano, la propia estructura musical es un ciclo en sí misma. Los siete días de la semana se repiten al octavo día, exactamente igual que una octava musical compuesta por las notas DO, RE, MI, FA, SOL, LA, SI, y DO de nuevo para empezar otro ciclo.

   En definitiva, todo en la naturaleza (astronomía, geología, biología…) se mueve de forma cíclica: el ciclo de la inclinación terrestre provoca el ciclo de las estaciones; la rotación de la tierra causa el ciclo de la noche y el día; la luna llena ocurre cada 28 días y afecta invariablemente al ciclo de subida y bajada de las mareas; las aves migran cada año; algunos animales hibernan; los salmones remontan los ríos para desovar… Otros ciclos son menos familiares, como el ciclo del sueño, el de los latidos del corazón, los ciclos emocionales, los del clima, los de las guerras, etc.

Ciclos económicos
Dentro de la relación de ciclos conocidos por el hombre, quiero detenerme ahora, siquiera con brevedad, en los ciclos económicos.

   Vindicado acaso como el más célebre de cuantos engrosan el inventario que los consigna, destaca el Ciclo de Kondratieff, que consta de 54 años y refleja no sólo la repetición de los acontecimientos financieros; también de los sociales y políticos.

   Nos ha sido dada, con posterioridad, una compleja y precisa variación del ciclo de Kondratieff conocida como el Ciclo de Confianza Económica de Princeton, creado por Martin Armstrong, que postula la existencia de un ciclo de negocios de 8,6 años.

Cilco Armstrong

Modelo de confianza económica

      No menos conocidos dentro del censo de ciclos económicos son el ciclo de inventarios postulado por Joseph Kitchin, que se prolonga entre tres y cuatro años; el ciclo de Juglar, que oscila entre los 8 y 11 años y cuya existencia se explica por las fluctuaciones cíclicas en la actividad comercial, industrial y financiera; o los ciclos enunciados por el premio Nobel Simon Kuznets, cuya horquilla temporal abarca de 15 a 25 años.

   En lo que se refiere a ciclos económicos, sin embargo, ninguna aproximación teórica me parece más virtuosa que la ensayada por la escuela de economía que, en mi opinión, amén de constituir la línea de investigación más realista y profunda de cuantas se hayan abierto hasta el momento, mejor explica la teoría del ciclo. Me refiero a la Escuela Austriaca de Economía, cuyo origen se debe a Carl Menger. Su magnum opus, los Principios de Economía (1871), contribuyó a la culminación histórica de toda una tradición económica que hoy sabemos que abarcaba a la Escuela del Valor de Uso alemana (Gebrauchtwertschule) e incluso a toda una corriente de pensamiento que llega hasta nuestra Escuela de Salamanca (pasando por Francia, Escocia, Holanda e Italia), tradición que había aportado a la ciencia económica hallazgos como la subjetividad del valor, la relación real entre precios y costes, el origen evolutivo del dinero e incluso la utilidad marginal decreciente. A Menger le siguieron en su monumental labor autores de la talla de Böhm-Bawerk, Ludwig von Misses, Hayek y Rothbard, sólo por citar algunos. En la actualidad, destacan dentro de esta escuela Antal Fekete y el español Jesús Huerta de Soto.

   El origen del ciclo económico explicado por la Escuela Austriaca hunde sus raíces en la muy deficiente arquitectura monetaria y financiera del mundo civilizado, último reducto de planificación central tras el derrumbe de la Unión Soviética. Todo comienza con la expansión crediticia artificial orquestada por los Bancos Centrales, que funcionan como prestamistas de última instancia de los bancos, a los que se les concede el privilegio de operar con reserva fraccionaria, sin un coeficiente de caja del 100%. En el transcurso de este proceso expansivo de la masa monetaria, se forma una burbuja especulativa que en cada rotación del ciclo se localiza en un sector diferente (divisas, tecnológicas, materias primas, vivienda…).

   Los bancos comienzan el mecanismo de expansión crediticia mediante la inyección en el sistema de préstamos cuyo colateral son depósitos creados de la nada, sin base en ahorro real o genuino. Las facilidades que dispensan las entidades bancarias para acceder a un préstamo animan a los empresarios a invertir en los proyectos que tienen en cartera. El problema radica en que no sólo invierten en los proyectos más razonables; también se embarcan de forma generalizada en sus proyectos más ambiciosos, líneas productivas que nunca debieran haberse emprendido, sólo concebibles por la facilidad de acceso al crédito sin respaldo de verdadero ahorro. Prolongado este proceso en el tiempo, generalmente años, llega un momento en que el mercado, después de una cascada de causas que sería demasiado extenso explicar, detecta como no rentables esas líneas productivas puestas en marcha por los empresarios.

   Para anticipar lo que viene a continuación se precisa menos de destreza teórica en economía que de sentido común. En primer lugar, se pincha la burbuja especulativa. A renglón seguido, emergen las tribulaciones contables de los bancos: el pasivo y el activo ya no cuadran. Su manifiesta insolvencia desata una crisis financiera. Ocurre entonces la inevitable recesión, purga de los excesos cometidos, reacción del organismo social ante el daño infligido por la expansión crediticia artificial.

   En resumen, la secuencia del ciclo económico de la Escuela Austriaca es como sigue: expansión crediticia, burbuja especulativa, crisis financiera y recesión.

   Quede claro que lo que acabo de exponer constituye un mero esbozo del corpus teórico austriaco. Para el pleno conocimiento de ese corpus, aconsejo bucear en los autores pertenecientes a esta escuela de pensamiento económico.

LOS CICLOS DE LOS MERCADOS

La teoría para la predicción en los mercados se fundamenta en la asunción de que los precios no se mueven de forma azarosa o aleatoria. Esto puede comprobarse de forma intuitiva al observar cualquier gráfico y advertir cómo se repiten determinados patrones de precio. De igual forma, algunos ciclos aparecen con inusitada regularidad. La causa última de este fenómeno se desconoce. Se conjetura que es el resultado de algún tipo de reloj biológico humano de carácter innato, o bien el fruto de las influencias planetarias, dado que el movimiento de los planetas está íntimamente relacionado con el movimiento de los mercados.

   Los acontecimientos discernibles que ocurren en los patrones de precio de los mercados, como un doble techo o las ondas de Elliott, permiten que la especulación pueda guiarse por el análisis técnico. Los ciclos constituyen uno de esos acontecimientos discernibles en los mercados.

   Los argumentos sobre la existencia de los ciclos en el mercado derivan no sólo de la medición directa (como veremos más adelante), sino también de razones filosóficas relacionadas con los fenómenos físicos. La respuesta natural a cualquier perturbación física es el movimiento armónico. Si se toca la cuerda de una guitarra, la cuerda vibra con ciclos fácilmente audibles. De igual forma, el mercado responderá a cualquier perturbación (suelos y techos relevantes) con un movimiento cíclico.

   Decía antes que, de modo general, podía entenderse un ciclo como un intervalo de tiempo o espacio en el que se completa una serie de acontecimientos o fenómenos que se repiten con regularidad y en la misma secuencia. En el mercado, se considera de forma clásica que un ciclo comienza cuando el precio, partiendo de una posición baja, se eleva sin problemas a un alto a lo largo del tiempo, y después cae de nuevo en el mismo periodo temporal. El tiempo requerido para completar el ciclo se llama el período del ciclo o duración del ciclo.

   Sin duda, los ciclos están presentes en el mercado. Muchas veces se justifican empleando consideraciones fundamentales. Existen patrones estacionales que pueden explicar el movimiento de los precios en momentos determinados. El ejemplo más claro es el cambio estacional de los precios agrícolas, que alcanzan su nivel más bajo en el momento de la cosecha, si ésta ha sido abundante. Pero los patrones estacionales nada tienen que ver con los ciclos a los que me refiero. Lo cierto es que existe actividad cíclica en todos los mercados y difícilmente puede explicarse por razones fundamentales. Un vistazo ocasional a cualquier gráfico muestra, en retrospectiva, que existe un claro ir y venir de los precios, un flujo y reflujo cuyas posibles causas abordo en otro epígrafe.

Visión simplista de la teoría cíclica
Quiero formular ahora algunas observaciones sobre la versión jibarizada del análisis cíclico que por desgracia ha hecho fortuna. Resulta verosímil que mis observaciones se hayan enunciado alguna vez; la discusión de su novedad me interesa menos que la de su posible verdad.

   El saber común sobre teoría cíclica aplicada a los mercados financieros abunda en errores. Ninguno de ellos me ha preocupado, y me preocupa, como la caprichosa gloria que le ha tocado en suerte a los ciclos estáticos.

   La graciosa hipótesis de que existen ciclos de duración fija, inamovible (un ciclo de, pongamos, 55 días durará siempre 55 días), no resiste la menor prueba. Sin embargo, todo aquél que se haya acercado alguna vez al análisis cíclico habrá padecido la enumeración de ciclos arbitrarios cuya incapacidad predictiva se explica alegando que los techos y suelos se invierten: allí donde debiera marcarse un techo se da un suelo y viceversa. Más enojosos resultan, no obstante, esos casos en los que hallar un parecido razonable entre el ciclo y el comportamiento del precio resulta una tarea infructuosa. Igual impericia pronosticadora puede predicarse, por último, de aquellos supuestos ciclos cuya presencia en el precio es intermitente, ciclos que, al decir de sus defensores, aparecen y desaparecen de forma abrupta y caprichosa.

   ¿Qué fiabilidad podemos otorgar a semejante acopio de azarosas vaguedades? En los dos primeros casos, la circunstancia de que los techos y suelos proyectados por un supuesto ciclo carezcan de valor predictivo, invalida per se el propio ciclo. Lo mismo sucede con el tercer caso. Argumentar que los ciclos aparecen y desaparecen a su antojo debiera persuadirnos de que tales ciclos nunca han existido. Además, quienes aventuran la existencia de los ciclos estáticos, ¿han oído alguna vez el concepto del traslado a la derecha y a la izquierda de los ciclos, su capacidad para alargar o contraer su duración media, su innata naturaleza dinámica?

   Sin salirme de este epígrafe, me referiré ahora a otro tipo de ciclos estáticos. En los censos invocados por todo el mundo figuran, entre otros, el ciclo presidencial, el decenal y el anual. También podría engrosar este grupo el ciclo Metónico, aunque lo caracterizan otros atributos y su aplicación es de más amplio espectro.

   Prestando oídos a algunos analistas, se diría que predomina la superstición convencional de reducir el análisis cíclico al conocimiento más o menos profundo de estos patrones estáticos de los mercados.

Ciclo presidencial

Ciclo Decenal

Ciclo estacional

   Mucho he tratado de inquirir las razones que expliquen el predicamento del que gozan estos ciclos entre determinados analistas. Creo haberlas encontrado en el hecho de que, por su naturaleza, fomentan el desahogo de la responsabilidad, parecen ofrecer una desacostumbrada certidumbre, tan ajena a los cambiantes mercados financieros.

   Invariablemente, el manejo frecuente de este tipo de ciclos crea unas expectativas condicionadas sobre el comportamiento del mercado. Es como si el especulador escuchase un susurro incesante que lo empujase a prestar atención al bosque en lugar de fijarse en los árboles que lo componen. El bosque es el patrón fijo del ciclo; los árboles, el comportamiento real del precio, libre de ajustarse o no a la hoja de ruta delimitada por el ciclo.

   Aferrarse a este tipo de ciclos resulta temerario y estéril. La razón es clara. El  especulador se interesará menos en las señales de su sistema de especulación que en sus ideas preconcebidas sobre cómo debería evolucionar el precio. Esclavo de su condicionamiento mental, acabará por expulsar del proceso de análisis cualquier herramienta que registre el comportamiento dinámico de los mercados.

   Con todo, no abogo por arrojar los ciclos estáticos al desván de los cachivaches inservibles. Antes bien, me inclino por entenderlos como uno más de los abundantes elementos a disposición del especulador. Cotejar de vez en cuando el comportamiento real del mercado con el itinerario marcado por los ciclos estáticos se me antoja recomendable. Si el mercado sigue ese itinerario, reforzará la confianza en las señales generadas por los sistemas de especulación; si, por el contrario, el precio describe un movimiento contrario al esperado, el especulador hará bien en uncirse sólo al carro de las señales de su sistema.

   En definitiva, resultaría harto lamentable que mis palabras se percibiesen como una reprobación sumaria a algunos de los analistas que pueblan la república de los mercados financieros. No soy quién para involucrarme en tales reprimendas. Me contentaría con que mis observaciones invitaran a la reflexión y ensanchasen la mirada con que se concibe el análisis cíclico.

¿Qué causan los ciclos?
Repasemos, llegados a este punto, algunas asunciones esenciales y hechos comunes.

  • Los mercados financieros son dominados por las emociones. Aunque suele creerse que los hechos (en concreto, nuestras expectativas sobre la interpretación que harán los mercados de los hechos) constituyen el factor fundamental a la hora de comprar o vender un determinado activo financiero, lo cierto es que el estado emocional de los individuos influirá en su toma de decisiones financieras. Existen numerosos estudios que corroboran la influencia de las emociones en los mercados financieros. También se han llevado a término algunos estudios de neurobiología que demuestran que las emociones marcan nuestra toma de decisiones.
  • Las emociones cambian de positivas a negativas y viceversa a lo largo del tiempo creando de esta forma ciclos.
  • Los mercados suben y bajan en respuesta a esas emociones.

   Por tanto, las emociones son un factor determinante en el proceso de toma de decisiones de los seres humanos. Estudiemos ahora las fuerzas que impactan de forma más notable en nuestras emociones.

El Sol, la Luna y la Tierra
Las fuerzas de la naturaleza cumplen una función determinante en las emociones de los seres humanos. Pero, ¿cuáles son esas fuerzas ocultas que influyen en nuestras emociones?

   La vida en el planeta Tierra debe su existencia a su campo magnético, escudo protector contra los rayos cósmicos, y al ciclo energético del Sol, conocido como manchas solares, que no son sino campos magnéticos intensos que aparecen en los momentos de mayor actividad solar. La interacción de ambos elementos puede provocar daños considerables, como lo ocurrido en marzo de 1989, cuando unas corrientes geomagnéticas causaron la caída del sistema de distribución eléctrica de Quebec.

   Hay evidencia acumulada de que las interacciones entre el Sol, la Luna y la Tierra son un factor que afecta a nuestro bienestar. Cambios en el campo geomagnético afectan a los sistemas biológicos, como por ejemplo a la capacidad de navegación de las palomas. Nuevos estudios indican que los sistemas biológicos estresados físicamente pueden responder a las fluctuaciones en el campo magnético (NOAA Space Weather Prediction Center, 2010).

   Por ejemplo, los científicos de la NASA han determinado que algo ocurre cada mes cuando la Luna recibe un latigazo de la cola magnética de la Tierra. Las consecuencias de este hecho incluyen desde tormentas de polvo lunar hasta descargas electroestáticas. Nuestro planeta entero está envuelto en una gran burbuja magnética. En el espacio, el viento solar presiona contra esta burbuja y la estira, creando una cola magnética. La Luna penetra en esa cola magnética tres días antes de estar en fase de Luna llena y tarda aproximadamente seis días en cruzarla y salir por el lado contrario. Es durante ese período de seis días cuando pueden suceder cosas extrañas. Por tanto, la Luna no sólo tiene efectos gravitacionales; también influye en las fuerzas geomagnéticas de la Tierra en combinación con los ciclos solares.

La Resonancia Schumann
En 1952, el físico W.O. Schumann postuló matemáticamente la existencia de múltiples ondas de muy baja frecuencia que forman parte del espectro radioeléctrico que circunda la tierra. Cada una de estas ondas se encuentra en una frecuencia ligeramente diferente. Cabe añadir que las frecuencias de la resonancia Schumann están siempre variando, debido a los cambios en la temperatura de la Tierra y a las radiaciones solar y cósmica. En la creación de estas ondas influyen esencialmente los relámpagos. Pero lo más destacable es que estas ondas se mueven en una frecuencia de resonancia idéntica a la gama de las ondas cerebrales. Es decir, el trazado de éstas es casi indistinguible del trazado de las ondas cerebrales humanas.

Schumann

   La NASA ha estado utilizando estos conocimientos para proteger a los astronautas mientras están fuera de la tierra, y, por tanto, fuera de la fuente natural de estas ondas. La condición física de los primeros astronautas se deterioró gravemente en el espacio exterior, al estar lejos de la Resonancia Schumann. El problema se resolvió mediante la introducción en todos los transbordadores espaciales del “simulador Schumann”, un generador de impulsos magnéticos que imita la frecuencia de la Tierra. Esto demuestra que el ser humano no puede mantener la salud si se desconecta de la “frecuencia biológica natural”.

   A modo de ejemplo, una de estas ondas, la de 7,8 Hz, ha existido desde mucho antes de que nuestra especie apareciera en la Tierra. Pues bien, una de las frecuencias de nuestras ondas cerebrales, la onda beta, evolucionó para coincidir con esta señal natural de la tierra. Se ha demostrado que pequeños cambios en esta frecuencia tienden a modificar nuestro estado de ánimo y afectan a nuestra sensación de bienestar.

¿Cómo nos afectan todos estos factores?
En la actualidad, la ciencia indica que los seres humanos respondemos a variaciones en las fuerzas magnéticas que acabo de comentar. Por ejemplo, numerosos estudios científicos han encontrado una correlación estadística entre los índices geomagnéticos y la aparición de determinadas condiciones médicas (Jackson, 2003).

   Datos empíricos muestran una correlación entre la actividad solar y el estado psicológico de los individuos, que incluye, por ejemplo, cambios en la frecuencia con que acontecen accidentes de tráfico (Kolesnik, 2005), y una asociación entre actividad geomagnética y enfermedad mental (Palmer, 2006). Además, un estudio del Banco de la Reserva Federal de Atlanta halló la fuerte evidencia empírica de que aquellos individuos afectados por una elevada actividad geomagnética pueden ser más propensos a vender acciones al atribuir incorrectamente su bajo estado de ánimo a perspectivas económicas negativas más que a unas condiciones medioambientales dadas (Krivelyova, 2003).

   Los estudios científicos demuestran de forma convincente, por tanto, que las variaciones en los biorrítmos del cerebro humano se relacionan con cambios en el campo magnético del Sol. Estas variaciones aumentan cuando crece la actividad solar, lo que refuerza el mecanismo de interacción que hemos comentado entre el Sol, la Luna y la Tierra.

   En suma, la ciencia ha encontrado una relación empíricamente verificada entre las fuerzas geomagnéticas y las emociones humanas. Y nosotros sabemos que las fuerzas geomagnéticas se ven influidas por el movimiento cíclico del Sol, la Luna y la Tierra y la interacción entre los tres.

Conclusiones
De vuelta a los mercados y después de todo lo expuesto, podemos concluir que pequeñas variaciones en los factores externos que acabo de resumir pueden provocar cambios en el comportamiento de un grupo de personas lo suficientemente grande (especuladores) unido en una empresa común (el mercado de valores), cambios de comportamiento que, por tanto, afectarán a los precios de los activos financieros.

   En resumen, cuando cada día se produce el movimiento de rotación de la Tierra y se recibe la radiación solar y la influencia gravitacional de la Luna, se generan patrones de interferencia. Para explicarlo de forma gráfica, habría que imaginarse un aparato de radio sintonizando frecuencias. En determinadas frecuencias, la fuerza eléctrica sería máxima; en ese momento, los mercados registran grandes giros de los precios al alza o a la baja con gran volumen de contratación. Esta teoría puede que nunca sea probada del todo; sin embargo, podemos hacer asunciones y cálculos razonables que serán beneficiosos a la hora de especular.

   Una vez expuesta esta correlación de fuerzas, cabe mencionar un ejemplo cíclico de aplicación práctica a los mercados financieros, ejemplo donde se reflejan las influencias comentadas hasta ahora. Me refiero al conocido como Ciclo Metónico. Este ciclo promedia aquellos años en los que la fase lunar y el alineamiento del Sol, la Luna y la Tierra es similar a la del año en curso, de tal manera que puede predecirse la acción del mercado en un año concreto estudiando los gráficos de los años que tienen un similar alineamiento al año en cuestión. El componente principal del Ciclo Metónico (llamado así después de que el astrónomo griego Metón de Atenas lo observase) tiene una duración de 19 años. Dentro de este ciclo de 19 años, subciclos de ocho y once años (los griegos los llamaron ogdoas y hendekas) marcan similares relaciones del calendario del sol y la luna, aunque no de forma tan precisa como el Ciclo Metónico. Este ciclo funciona mejor en algunos mercados que en otros, y su precisión oscila entre períodos de irrelevancia pronosticadora y períodos de exactitud asombrosa.

DOS FORMAS DE ABORDAR EL ANÁLISIS CÍCLICO

Para simplificar este epígrafe, diré que existen dos enfoques dentro del análisis cíclico, encarnados por tres primus inter pares de esta disciplina, por tres auténticos genios. Repito, esta idea resulta una simplificación, pero tratar el asunto en profundidad requeriría un libro.

   Uno de los enfoques del análisis cíclico es depositario de las enseñanzas de W. D. Gann. Esta visión se basa en los períodos temporales físicos del sistema solar. El ciclo del movimiento de la tierra en su órbita alrededor del sol, entre otros factores planetarios, se utiliza para determinar las fechas en que podemos esperar un cambio en la dirección del mercado.

   El segundo enfoque dentro del análisis cíclico, en cambio, afirma la existencia de ciclos de duración constante que gobiernan la mayoría de los mercados. Ciclos que en su momento pudieron identificarse mediante un sistema sencillo como la medición de la distancia entre sucesivos mínimos. Al mirar una serie histórica de precios, se comprobó que esa duración entre mínimos era constante en el tiempo. La conclusión lógica era que, dando por descontado que el mercado se comportaría en el futuro igual que lo había hecho en el pasado, establecido un determinado mínimo podía predecirse en torno a qué fecha se produciría el siguiente. Dentro de este enfoque, destaca la labor de la Fundación para el estudio de los ciclos, creada por Edward Russell Dewey

   Con posterioridad, empezó a medirse los ciclos con sofisticados programas de ordenador que empleaban una técnica científica llamada análisis espectral. Así, la ciencia aplicada a los mercados acabó corroborando de forma inapelable las conclusiones extraídas por la Fundación para el estudio de los ciclos. Dentro de este enfoque científico, destaca sobremanera la pionera aportación de J. M. Hurst.

PRIMER ENFOQUE CÍCLICO

EL LEGADO DE GANN
El nombre de W.D. Gann es legendario entre los especuladores de hoy. Son ampliamente conocidos los relatos anecdóticos sobre su fenomenal éxito a la hora de invertir y sobre algunas de sus técnicas. Menos accesibles son, sin embargo, los detalles acerca de sus métodos. ¿Quién fue este misterioso hombre que afirmó haber descubierto los secretos para predecir de forma coherente y precisa el comportamiento de los mercados? ¿Qué hallazgos le permitieron formular semejante afirmación?

Gann

   William Delbert Gann nació el 6 de junio de 1878 en Lufkin (Texas), en un rancho dedicado al cultivo de algodón. Desde niño mostró una extraordinaria aptitud para las matemáticas. Completó la educación secundaria y comenzó a invertir a la edad de 24 años, en 1902. Después de perder importantes sumas de dinero, Gann se percató de que los mercados seguían leyes matemáticas y ciclos de cierta duración. Estaba especialmente interesado en la conexión entre el precio y el tiempo. Comenzó a estudiar esta interacción con diligencia; incluso viajó a Inglaterra, la India y Egipto para desarrollar sus investigaciones matemáticas y estudiar a fondo series históricas de precios. En el transcurso de sus investigaciones, Gann descubrió una norma que se convertiría en la base de su método de inversión, norma a la que denominó “Ley de Vibración”, que él aplicaba al campo de las ciencias naturales, así como al financiero.

   Merece mención aparte también su famoso Cuadrado del Nueve, que no es más que un cuadrado numérico al que se le aplica por la parte exterior un círculo con los días de calendario del año de tal manera que los 360 grados del círculo representen los 365 días del año. Además, es un cuadrado basado en los ángulos de 45º (donde espacio y tiempo casan) que surgen de la división en 1/8 de 360 grados y en la división de cada año en ocho giros estacionales.

   Gann fue una de las pocas personas que con mucha antelación predijo el crash de 1929 y la posterior depresión económica. Según los datos disponibles, Gann gozó de enorme éxito con sus inversiones. Al parecer, manejaba una cuenta de dos millones de dólares que a su muerte dejó con 5 millones de dólares. Otras fuentes apuntan a ganancias notablemente mayores, pero no existen datos que corroboren esta afirmación.

   Faltaríamos a la verdad si negáramos que Gann publicó muchas de sus técnicas. Sin embargo, sus métodos más complejos, sus secretos más afinados para la inversión, sólo han sido accesibles a algunos especuladores que los hacen públicos con cuentagotas.

Gann: el matemático
Gann poseía un don extraordinario para las matemáticas. El manejo diestro de éstas era innato en él, de ahí que gran parte de su teoría tiene que ver con números y con las relaciones matemáticas existentes en los mercados. Algunos números guardan un significado especial en su obra: 16, 25, 36, 49, 64, 121 y 144. Su teoría numérica del mercado se basaba en su estudio de la Biblia y en la teoría de los números antiguos egipcios.

   En sus meticulosas investigaciones, Gann encontró, por ejemplo, que el número 7 era de especial importancia en la Biblia. Por tanto, lo usó para desarrollar la teoría del ciclo de siete días para el estudio del mercado a corto plazo. A su juicio, el número 7 representaba la conclusión, el cierre, la cualidad de algo completo. En suma, el número 7, para él, simbolizaba tiempo y ritmo, así como un ciclo completo.

   Por añadidura, Gann consideraba que el ciclo de 3,5 períodos (la mitad del ciclo de 7) atesoraba una importancia vital en sus estudios sobre los mercados. Este número también figura con profusión en la Biblia. Aparece registrado, entre otras ocasiones, como la duración temporal de la visión de Daniel (3,5 años), el tiempo que duró el ministerio público de Jesús en la tierra (3,5 años), así como la ocultación del Jesús niño en Egipto, que también duró 3,5 años. En consecuencia, Gann formuló una teoría que postulaba la existencia de un ciclo de 3,5 días, semanas, meses y años. Él aplicó este conocimiento a la hora de invertir en los mercados.

   El número 12 también atesoraba un significado especial para Gann, al juzgar que en este número cristalizaba el concepto de espacio. El número 12 también lo considera el punto de referencia de un ciclo, ya que la representación geométrica de un ciclo es un círculo, que consta de 360 grados. Dado que generalmente se aplican 12 divisiones temporales a un círculo (por, ejemplo, las 12 divisiones de la esfera de un reloj), 12 meses por año, 12 signos del zodiaco, etc., el número 360 dividido por 12 da como resultado el número 30, un número que, aparte de ser la media de días en un mes, era importante en la estrategias de inversión de Gann. Éste afirmaba la existencia de un ciclo de 30 días, 30 meses y 30 años.

   El número 144, que es el producto de multiplicar 12 por 12, era igualmente importante para Gann, porque también se repetía numerosas veces en la Biblia.

Enfoque cíclico de Gann
Hoy en día existe una considerable cantidad de analistas que basan su trabajo en los ciclos. Gann fue el primer analista de usar el tiempo como factor de análisis.

   El método de Gann se basa en las matemáticas, la geometría y la astrología. Es ampliamente conocido que Gann utilizó una considerable cantidad de referencias a los movimientos planetarios para sus predicciones de mercado. Sus cálculos esenciales o vibraciones se basaban en la geometría de ciertos movimientos planetarios y las distancias existentes entre ellos.

   El descubrimiento principal de Gann es que tiempo y precio son intercambiables y que cada movimiento significativo del mercado alterna entre los vectores tiempo y espacio. Cada fluctuación futura en el patrón de un gráfico puede verse en un movimiento del pasado; es el desplazamiento angular del patrón actual el que nos nubla la vista impidiéndonos encontrar el movimiento idéntico en el pasado. Los ciclos rara vez guardan la simetría que muestran las ondas sinusoidales con que los representamos. Como especuladores, nos enfrentamos al problema del traslado a la izquierda o a la derecha de los ciclos, donde la cantidad de tiempo del avance es diferente de la cantidad de tiempo de la caída. (Nota: un poco más adelante explico qué son las ondas sinusoidales y el traslado a la izquierda o a la derecha de un ciclo).

   En síntesis, el hallazgo esencial del análisis cíclico de Gann es que los factores tiempo y precio son formas distintas de un mismo fenómeno y que son intercambiables. Esto significa que la compraventa de activos en los mercados financieros obedece a determinados ciclos temporales y que esos ciclos temporales se convierten en precio. Todo lo que sube, debe moverse después de forma lateral o caer. Sensu contrario, todo lo que cae, debe moverse después de forma lateral o subir. Ésta es la clave de bóveda del análisis cíclico. Para referirse a esta idea, Gann acuñó la expresión “puntos de balance”, zonas donde espacio y tiempo cuadran. Alcanzado uno de estos puntos, el precio se embarca de nuevo en un movimiento significativo en la dirección contraria a la establecida.

   Leamos las palabras escritas por el propio Gann en su novela Túnel a través del aire. Quién mejor que el propio creador para explicar su creación:

   “Mis cálculos se basan en la teoría cíclica y en secuencias matemáticas. La historia se repite a sí misma. Para conocer y predecir el futuro de cualquier cosa sólo tienes que mirar qué ha sucedido en el pasado y conseguir así una buena base o punto de partida.

   Todo funciona de acuerdo a ciclos pasados, y esa historia se repite a sí misma en la vida de los hombres, las naciones y el mercado de acciones.

   Recuerda, todo en este universo se mueve de forma elíptica o circular; esto se aplica de igual manera a lo abstracto y lo concreto, lo mental, lo físico y lo espiritual. Cada pensamiento que generas crea un círculo que vuelve a ti. Puede tardar años, pero notarás los efectos, sean éstos buenos o malos.

   Para elaborar mis cálculos sobre el mercado de acciones (o sobre cualquier acontecimiento futuro), miro en la historia y descubro el ciclo en el que estamos inmersos, y entonces pronostico la curva del futuro, que es una repetición de los movimientos pasados del mercado.

   Los límites a las predicciones del futuro basadas en una ley matemática exacta sólo pueden restringirse por la falta de conocimiento de los datos correctos del pasado con los que trabajar. Resulta igual de sencillo descifrar lo que ocurra dentro de 100 o 1000 años que lo que suceda dentro de uno o dos años, si uno dispone del punto de partida correcto y conoce el ciclo que va a repetirse.

   La ciencia matemática, la única ciencia sobre la que se ha puesto de acuerdo todo el mundo civilizado, proporciona inconfundibles pruebas de que la historia se repite a sí misma, y muestra que la teoría cíclica, o el análisis armónico, es la única cosa en la que podemos confiar para determinar el futuro”.

SEGUNDO ENFOQUE CÍCLICO

E. R. DEWEY Y LA FUNDACIÓN PARA EL ESTUDIO DE LOS CICLOS
Edward Russell Dewey (1895-1978) fue un economista que dedicó muchos años de su vida al estudio de los ciclos observables en economía y también a los existentes en otros campos.

   Dewey empezó a interesarse en los ciclos en 1930, cuando era Analista Jefe Económico del Departamento de Comercio de EEUU. Como el Presidente Hoover quería saber la causa de la Gran Depresión, le encargó a Dewey un estudio al respecto. Frustrado por los escasos resultados de su investigación, Dewey afirmó que los economistas no le daban respuestas coherentes sobre la causa de la depresión y perdió la fe en los métodos económicos clásicos.

   Fue en ese momento cuando Dewey consagró su vida al estudio de los ciclos. Alegó años después que “en todo cuanto había estudiado se revelaba la presencia de ciclos”. Llevó a cabo amplias investigaciones de la actividad cíclica en la economía, geología, biología, sociología, ciencias físicas y otras disciplinas. Escribió numerosos libros y artículos. De entre sus libros, destacamos Cycles: the misterious forces that trigger events, escrito junto con Og Mandino, y Case for cycles y Cycles: the science of prediction, escrito junto con Edwin Danking. En 1941, creó la Fundación para el estudio de los ciclos con un equipo que incluía a científicos y empresarios. A partir de junio de 1950, la Fundación empezó a publicar una revista llamada “Ciclos”.

   Esta Fundación se dedicó a la identificación y estudio de diferentes ciclos desde 1930. Se documentaron más de 3.000, de entre los cuales podemos mencionar los ciclos del clima, la guerra, las manchas solares, la sequía, el matrimonio, la población animal, la inflación, las quiebras bancarias, los bienes raíces, la producción de acero y los precios de las acciones, por nombrar sólo algunos.

   De naturaleza más cercana a los mercados son los ciclos de los precios del oro, la plata, el cobre, el índice S&P, las tipos de interés, las divisas, la soja, el maíz, el ganado vacuno, el azúcar y otros mercados financieros relacionados con la agricultura.

Media móvil centrada
La herramienta que empleó la Fundación para identificar los ciclos existentes en todos los fenómenos naturales, incluyendo la actividad económica, y determinar su duración, se conoce como media móvil centrada.

   Una media móvil es el indicador técnico más sencillo de cuantos existen. Su función es suavizar las fluctuaciones en cualquier serie temporal de datos, como pueden ser los precios de las acciones, el volumen de contratación, etc. Tal como indica su nombre, una media móvil es una media de los datos de estudio que se calcula a partir de un número concreto de datos que marcan el período de estudio. A medida que se incorpora un nuevo dato, desaparece el primero, de manera que siempre se mantiene el mismo período de cálculo. El dato más común del que se extrae la media suele ser el cierre del precio, aunque, por ejemplo, también se puede calcular la media de sus máximos o mínimos. Por poner un caso concreto, una media móvil de 20 días aplicada al cierre se obtiene sumando los veinte últimos cierres y dividiendo el resultado entre 20. Ésta, en concreto, sería una media móvil simple. Las hay más complicadas en su fórmula matemática de cálculo, como la ponderada, geométrica, exponencial, triangular…

   El problema con las medias móviles es que se aplican al último valor de la serie, es decir, una media móvil de 20 días está vinculada al día 20 de la serie. Y dado que estamos hablando de una media, lo correcto sería que estuviese vinculada al valor central de la serie, al que ocupa la mitad de la serie; en nuestro ejemplo, sería el valor 10 de la serie. En síntesis, en lugar de colocar la media móvil en el último día operativo, se traza en la mitad del ciclo, es decir, se centra.

   Mediante este método, la Fundación llegó a la evidencia de que fuera cual fuese la serie de datos objeto de estudio, de forma regular se daban fluctuaciones constantes por encima y por debajo de determinadas medias extraídas de la propia serie de datos, y que ese movimiento oscilante permitía advertir con inusitada precisión los techos y suelos cíclicos que dominaban los precios.

   Veamos un ejemplo. He dibujado una media móvil centrada de 10 días operativos en un gráfico diario del S&P 500. Esto significa que la media móvil está retrasada cinco días. El precio salta por encima de la media y cae por debajo de ésta describiendo los techos y suelos de un ciclo de 10 días operativos, contados de suelo a suelo. Unas veces el ciclo dura algo más de 10 días y otras veces algo menos, pero las oscilaciones por encima y por debajo de la media resultan muy claras. Los suelos están marcados con flechas verdes y los techos con flechas rojas.

                         S&P

   En resumidas cuentas, podemos afirmar que la media móvil centrada se ofrece como una herramienta muy valiosa para observar de forma natural cualquier serie histórica de suelos y techos cíclicos. El único problema de este tipo de media móvil es que no sirve para especular en tiempo real; al estar retrasada en el tiempo no hay valor de la media para tantos días como ésta haya sido retrasada. Es decir, como se muestra en el siguiente gráfico, con una media móvil centrada de 10 días, al retrasarla cinco, no hay valor de la media para los últimos cinco días, que en el ejemplo aparecen numerados en color azul. Como en el anterior gráfico, los suelos del ciclo están marcados con flechas verdes y los techos con flechas rojas.

Media móvil centrada 2

Test de Bartels 
Además de la media móvil centrada, la Fundación empleó un sistema de verificación cíclica basada en rutinas estadísticas. Nos referimos al test de Bartels, publicado en 1932 por la Institución Carnegie de Washington. La Fundación bendijo este test como el mejor existente para determinar la robustez y, en consecuencia, utilidad de cualquier ciclo. En términos generales, el test de Bartels indica la fiabilidad estadística de los ciclos presentes en una serie temporal de datos. El objetivo de esta herramienta es excluir los ciclos que surgen por acontecimientos azarosos únicos (por ejemplo, noticias macroeconómicas, presentación de resultados de las empresas, acontecimientos políticos o sociales que generan incertidumbre…). De esta forma, se puede medir la probabilidad de que un ciclo sea genuino.

   Dentro de los analistas que siguieron la estela dejada por la Fundación, quien sin duda merece una mención aparte es Walter Bressert, un formidable analista cíclico que, además de llegar a presidir la propia Fundación, ha realizado y sigue realizando aportaciones imprescindibles dentro de esta modalidad de análisis.

LA CIENCIA Y LOS CICLOS: EL LEGADO DE J. M. HURST
No podría dar por concluido mi repaso a los próceres del análisis cíclico sin acercarme al brillante trabajo de quien es considerado con toda justicia el padre de la etapa moderna de esta disciplina. De hecho, mi modelo cíclico es en buena parte deudor de su obra. Me refiero a J. M. Hurst.

hurst

   En torno a 1970, un científico californiano especializado en cohetes y un pequeño grupo de ricos inversores con la ayuda de un ordenador muy potente para la época, se embarcaron en una profunda investigación de mercado. 30.000 horas más tarde, el científico de cohetes del grupo, el físico e ingeniero aeroespacial J. M. Hurst, publicó los resultados de su investigación (al menos aquéllos que quiso revelar) en un libro que se convirtió desde entonces en un clásico del análisis técnico, The Profit Magic of Stock Transaction Timing. El infortunio quiso que el mejor libro jamás escrito sobre los ciclos del mercado de valores apareciese justo en el duro mercado bajista de los años 70, de modo que, ante la aversión mayoritaria a especular en bolsa de la época, sus enseñanzas cayeron en saco roto y el libro se convirtió en un tesoro escondido.

   Hurst fue un hombre muy reservado. Él personalmente enseñó un curso sobre los ciclos de mercado durante más o menos un año, pero aparte de esta actividad, nunca publicó un informe periódico o boletín regular sobre bolsa, nunca concedió entrevistas y nunca promovió sus descubrimientos, muchos de los cuales nunca se revelaron. En el momento en que la bolsa se hizo de nuevo atractiva para especular, a principios de los 80, Hurst, olvidado durante mucho tiempo, sonaba ya a antiguo. Debemos reconocer que, para el especulador medio, sus técnicas de análisis son demasiado complicadas al estar excesivamente trufadas de matemáticas. En cualquier caso, Hurst nos legó la mejor forma de afrontar el estudio de los ciclos, y nos abrió los ojos al verdadero significado de las medias móviles.

   En mi opinión, su aportación más notable es el concepto de que una serie histórica de datos financieros no es el registro de un precio que cambia continuamente, sino el perfil de una secuencia de magnitudes de distinta frecuencia, amplitud y fase relacionadas entre sí mediante el tiempo. Dicho de forma sencilla, cualquier gráfico es el resultado de la combinación de varios ciclos de periodicidad o duración distinta, ciclos que pueden aislarse y con los que cabe especular de forma separada.

La ciencia aplicada a los mercados
El propio Hurst, una vez terminada su investigación, dio a conocer un modelo cíclico que posee plena vigencia hoy día. Como cabía esperar, para elaborarlo optó por un enfoque científico. Empleó lo que se conoce como análisis espectral, de común aplicación en el tratamiento de señales y en campos afines para analizar las frecuencias presentes en una señal muestreada. De esta forma, Hurst identificó los ciclos presentes en los mercados.

   Con el paso de los años, se elaboraron nuevas herramientas para el análisis de frecuencias, como la creada por John Burg, principal impulsor del análisis de estimación espectral de alta resolución para secuencias de tiempo limitado. El trabajo de Burg, cuya primera formulación apareció en su tesis doctoral en 1975, conocido como MESA (Maximum Entropy Spectral Analysis) también es una técnica matemática diseñada para encontrar las frecuencias presentes en una serie de datos. Técnica que, mediante el análisis de las ondas sísmicas (registrando su mayor o menor intensidad o amplitud), se aplicó a la exploración geofísica para encontrar yacimientos de petróleo y gas. De igual forma, el análisis de los precios, y la mayor o menor fuerza que emiten éstos, nos permite determinar los ciclos dominantes y, en consecuencia, sus suelos y techos.

Ehlers

   El gráfico de arriba muestra un ejemplo de cómo mediante el análisis espectral resulta posible determinar los techos y suelos de un ciclo dominante. La pantalla muestra un mapa de color, una vez analizado el precio de un determinado valor o índice. Las señales más fuertes, que aparecen de color amarillo brillante dentro de las zonas anaranjadas, están unidas mediante una línea amarilla. Conforme disminuye la amplitud o fuerza de las señales, la pantalla se “enfría”. Por tanto, los colores oscilan entre el amarillo brillante de las señales más fuertes y el negro de las más débiles. El ciclo dominante se extrae de la línea amarilla, fruto de la unión de las señales más fuertes del espectro.

   El trabajo de Hurst inspiró a muchos analistas que han continuado el camino abierto por él, como Peter Eliades, Jim Tillman, Brian Millard y John Ehlers.

Representación gráfica de un ciclo
La forma más sencilla de concebir un ciclo es imaginar una fuerza que impulsa el movimiento de los precios de los activos financieros a subir hasta un techo y luego caer hasta un suelo, acción que se repite de forma regular en el tiempo.

   Eso es lo que me interesa mostrar ahora, la forma idealizada de cualquier ciclo. Por supuesto, cada ciclo posee una duración o período que, aunque puede registrar variaciones al alza o la baja, es constante. Es lo que Hurst llamaba ciclos nominales, esto es, ciclos genuinos, presentes de forma recurrente en la serie temporal de precios y cuya duración media es su propio nombre (de ahí lo de “nominales”), aunque su duración real pueda alargarse o acortarse. Duración que ha de medirse de suelo a suelo. Veamos más de cerca un ejemplo para entender a qué me refiero.

Ciclo idealizado

   En el gráfico aparecen dos rotaciones de un ciclo idealizado, de trazado limpio. Por desgracia, en el mundo real, los ciclos rara vez resultan tan plásticos.

   En cualquier caso, en el gráfico puede verse cómo establecido un suelo, el ciclo coge fuerza y empieza a elevarse hasta llegar a su máxima fortaleza, momento en el que se forma un techo. A continuación, el ciclo se gira en el sentido opuesto y pierde fuerza hasta formar un suelo; a partir de ahí, comienza de nuevo el mismo proceso. A la vista está, por tanto, que la representación gráfica de un ciclo es una curva continua conocida como onda sinusoidal, que es la forma gráfica de representar la función matemática seno.

La importancia de la fase
Todo esto implica que cada ciclo tiene un comienzo, una mitad y un final. El tramo existente entre el comienzo y el techo del ciclo se conoce como fase ascendente; y el tramo entre el techo y el final del ciclo, como fase descendente. Por tanto, cada ciclo pasa por dos fases. La fase de un ciclo es una descripción de dónde estamos en el ciclo. ¿Estamos al principio, mitad o final del ciclo?

   En el siguiente gráfico, he dispuesto una onda sinusoidal que representa un ciclo idealizado de 10 días operativos, cuya evolución en forma de barras he superpuesto a la onda (éste sería un ciclo nominal de 10 días, aunque, por ejemplo, unas veces dure seis días, y otras 13). Además, he incorporado anotaciones sobre los aspectos que acabo de comentar. Debo añadir que en este ejemplo idealizado, el ciclo del techo coincide exactamente con la mitad del ciclo, es decir, con el día quinto del ciclo. El último aspecto que conviene resaltar es que el día en que se forma el mínimo a partir del cual debe darse por comenzado el ciclo, siempre ha de contarse como día cero.

                        Fase 1

   Simplificando, cabe decir que los ciclos pueden desenvolverse de dos formas. Una de ellas se conoce como ciclo trasladado a la izquierda. Esto significa que el techo del ciclo se forma antes de la mitad del ciclo. En el gráfico que muestro a continuación, dado que seguimos con el mismo ejemplo (un ciclo de 10 días), la mitad del ciclo es el quinto día. La formación del techo antes de llegar a la mitad del ciclo implica debilidad y la probabilidad de que en la fase descendente del ciclo se rompan los mínimos marcados por el comienzo del ciclo. Quedaría así:

                             Fase 2

   La otra forma que puede adoptar un ciclo se conoce como ciclo trasladado a la derecha: significa, en este caso, que el techo del ciclo se forma una vez pasada la mitad del ciclo. Esta variante implica fuerza, y muy probablemente la posibilidad de que una vez termine la fase descendente del ciclo (que frecuentemente será suave y corta) y se haga suelo, la fase ascendente de la nueva rotación del ciclo supere los máximos de la rotación anterior.

                             Fase 3

   En este punto, debo recordar que el hecho de que un ciclo se traslade a la izquierda o a la derecha es independiente de que se alargue o se contraiga su duración. Pueden suceder ambas cosas al mismo tiempo o darse una de ellas de forma aislada.

   Ejecutado ya el bosquejo de la teoría, es momento de pasar a la práctica y presentar mi modelo cíclico.


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